Lo importante siempre es mantener nuestro fuego vivo.
El de adentro. El que nos da luz.
Y que sea siempre el mismo fuego.
Porque podrá ser más grande, o más chico.
Más amarillo color sol, o azul color mar.
Pero, lo fundamental, es que nunca cambie nada de su composición.
Acá lo que importante es mantener los pies en la tierra, y el corazón en las nubes.
Mantener la comisuras de nuestras sonrisas (y nuestras miradas) apuntando bien arriba.
Acá lo importante es tener cerca a quien nos descontractura,
a quien nos hace cantar
y hacer locuras,
y a quien nos hace reír.
(Pero que, si es necesario, también pueda escucharnos llorar).
Acá lo importante es mantener la esencia.
Y aferrarnos nada más a la sensación de felicidad y plenitud, (y a alguna canción).
Y dejar ir, como a un día más, lo que nos hace mal.
Acá lo importante es mantener la esencia.
O nuestro fuego, o nuestra alma, o nuestra luz.. como quieran llamarle.