Ambos sabemos que sería un problema llegar a saborear (aunque sea en nuestra imaginación) un poco de todo ese mundo que nos podríamos regalar. Así que anda, dejame sola.
Volvamos a nuestros caminos, sin enroscarnos, sin pensarnos. Sin nada de eso que nos gusta y nos llama tanto. Porque más allá de que tus besos sean tan ricos, en el fondo tienen cierto gustito a trampa, a culpa (y eso no es bueno para ninguno de los dos). Por eso te pido, no me tientes. No me tientes a querer hacerte sonreír, a querer hacerte feliz.
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